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jueves, 18 de julio de 2013

San Juan Evangelista: Prístino campo santo




En esa suerte de patrimonio que hacen de Granma el territorio más aportador a la memoria histórica y cultural nacional, están las ruinas del San Juan Evangelista, una cúpula de ladrillos con huellas de incendio, que perdura en la contemporaneidad de Bayamo, para testificar que fue él y no otro, el primer cementerio de Cuba.
Antecedentes
Fue en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando las autoridades civiles y eclesiásticas de Bayamo asumieron la necesidad de romper con la arraigada costumbre popular de reposar la eternidad en templos y conventos.
La práctica, simbiosis de herencia familiar y devoción religiosa, había nacido el siglo anterior, justo con los proyectos de construcción de la Parroquial Mayor y el Convento de Santo Domingo.
Durante más de una centuria antes, la sociedad de la jurisdicción realizaba los enterramientos fuera de esos recintos, por causas diversas. Una, porque la mayoría de los grupos humanos iniciadores de la colonización, al pertenecer a clases medias y bajas, se inclinaban por efectuar los sepelios en espacios abiertos, cementerios anexos a un santuario. Correspondía solo a la elite hispana el hábito de utilizar iglesias y conventos con tales fines.
Además, los terratenientes de mediados del XVI, aunque ya con proyecciones elitistas y conciencia de que su vida y muerte transcurriría dentro de la demarcación, estaban más ocupados en problemas derivados del comercio de contrabando y rescate predominante, que del lugar donde reposarían después de la muerte.
De haber contado con otro panorama económico, se imponían también las condiciones constructivas de la iglesia local, de paja y muy deteriorada por el tiempo, que impedían utilizarla como depósito de cadáveres.
Cuando este último panorama cambió, tanto como la mentalidad de los habitantes de la villa y los templos y conventos se levantaron de ladrillos y tejas, las clases pudientes se empeñaron entonces en agenciarse bóvedas, panteones y nichos dentro de aquellos.
En el siglo XVIII ya se habían edificado 11 instalaciones religiosas en el actual territorio que ocupa hoy el centro histórico de la capital granmense; los fieles se preocupaban más del mejoramiento de esos sitios (porque habían decidido ser enterrados en su interior) que por sus propias casas. De las enclavadas allí mil 184 eran de paja y solo 626 de tejas.
De esa manera la práctica de hacer los enterramientos en los citados lugares cobró fuerza de costumbre.
El cambio
El problema comenzó cuando, después de muchos años, el espacio dentro de los templos y conventos se hizo mínimo y el abarrotamiento de cadáveres provocó una alarmante situación de insalubridad, algo al parecer común para todas las partes de la Isla.
La amenaza que aquello representaba para la salud conllevó a que hasta los representantes del clero, principales beneficiados monetariamente con los entierros en iglesias, comenzaran a pronunciarse por la construcción de cementerios fuera de los poblados.
Tal conveniencia fue apoyada por los gobernantes, según dan cuenta documentos de archivos de la época, uno de estos recoge lo escrito entonces por Don Joseph de Espeleta, Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba y de la Ciudad de San Cristóbal de La Habana.
… la mayor parte de las enfermedades epidémicas que se conocían con distintos nombres arbitrarios no tenían en su concepto otro principio que el de enterrarse en las iglesias los cadáveres y por hallarse los templos reportados en toda la población y combatirla unos ayres corrompidos é impuros, á causa de su temperamento cálido, y húmedo, como porque comprehendiendo mayor número de personas que las que permitía su extensión, y capacidad, en ciertas estaciones del año eran tantos los que se enterraban, que en algunas iglesias apenas podía pisarse sin tocar sepulturas blandas, y hediondas; baxo de cuyo concepto, para prevenir un daño tan considerable, propuso como medio urgentísimo, y conveniente á la salud pública el establecimiento de un cementerio fuera de poblado en donde se enterrasen todos, sin excepción de personas …
La disposición fue implementada con celeridad por las elites bayamesas, aun cuando la monarquía española no dio apoyo económico a los gobernantes locales para obrar al respecto.
San Juan, el primero.
Importantes búsquedas bibliográficas, en las cuales se ha apoyado este trabajo periodístico, aportan elementos que llevan a asegurar que el de San Juan Evangelista, fue el primer cementerio cubano.
Ludín B. Fonseca García, en su texto “Bayamo en la modernidad. Cementerios y enterramientos”, plantea que aquí se tomó en cuenta la sugerencia del gobernador político y militar de Santiago de Cuba sobre lo oportuno de hacer los cementerios en terrenos aledaños a iglesias, para solo incurrir en los gastos del campo santo. La iglesia San Juan, en esos momentos en ruina, estaba fuera del poblado, por lo que se ajustaba a varios requerimientos.
“Para la construcción del cementerio –apunta Ludín- no solo influyeron las condiciones materiales que existieron en la villa, sino también, las actitudes mentales de sus pobladores que serían, finalmente, los que aportarían recursos económicos y enterrarían a sus familiares fallecidos en este nuevo lugar, que significaba una ruptura respecto a prácticas culturales ejecutadas durante dos siglos. Solo la existencia de un pensamiento modernizador entre sus pobladores permitió que Bayamo inaugurara su cementerio el 5 de enero de 1798 por medio de una ceremonia religiosa oficial y que se convirtiera, así, en la primera población que materializaba la real orden”.
Por su parte José Carbonell Alard, en “Estampas de Bayamo” señaló:” Tocó al vicario, doctor José Antonio Dimas Cuevas y Oduardo, ser el primero en cumplir aquella Real Orden al notificar el 8 de febrero de 1798 que en la villa se habían concluido las obras del cementerio auxiliar… Anteriormente había quedado inaugurada el 5 de enero del propio año y bendecido como dispone el ritual romano.
“Por su orden el de la villa San Salvador de Bayamo fue el primero. El segundo, el de La Habana (2 de febrero de 1806) por iniciativa del obispo, doctor Juan José Díaz de Espada y Landa. El tercero, construido por el arzobispo, doctor Mariano Rodríguez de Olmedo y Valle en Santiago de Cuba, en febrero de 1828.”
Perpetuidad
La alta tasa de mortalidad que se produjo con la contienda libertadora del 68 hizo que el cementerio se ocupara totalmente. A este fueron a parar los restos, además de los moradores, de soldados españoles y patriotas capturados y luego fusilados.
En 1871 estaba abierto, abandonado después de dos años de lucha, causas que igual llevaron a la propuesta de dotar a la villa de otro campo santo.
Varios proyectos nacieron con ese propósito pero ninguno se concretó por falta de recursos primero y luego por falta de un terreno. Solo en 1918 quedó inaugurada la nueva Necrópolis.
El 24 de agosto de 1923, de acuerdo con la propuesta del concejal Juan J. Oduardo, se acordó construir un parque público en la Plaza de San Juan, frente al antiguo cementerio, con su arboleda y asientos de corte moderno y que llevara el nombre de Francisco Vicente Aguilera.
Y así se hizo en la década del 40, tiempo en cual se ampliaron las calles José Martí y Capotico.
En el parque, que restaurado años más tarde recibió el nombre de Retablo de los Héroes, sigue en pie el pórtico de aquel primer campo santo cubano, ayer cómplice y sobreviviente del incendio revolucionario del 12 de enero de 1869 y abrigo de quién sabe cuántos patriotas; hoy silencioso testigo de la cultura bayamesa de la época de la colonia, símbolo de perpetuidad.

miércoles, 12 de junio de 2013

EL hielo abrazó a Bayamo


                                                                            


La noticia la multioplicaron los medios locales de prensa: Ayer aproximadamente a las 6:00 
pm, una tormenta local severa afectó a los habitantes de los poblados de Cerca Blanca y El Dátil, pertenecientes a la ciudad de Bayamo, y hoy, después de 15 horas del suceso aún se podían observar planchas de hielo, por la unión de los granizos en los cultivos
Los vecinos de aquellos lares no se cansan de compartir la historia, ni de describir los impresionantes los vientos y a aquel fuerte aguacero de hielo que duró más de 30 minutos, y que ellos por primera vez veían.  A mitad de la mañana ni el Sol bien emparapetado había logrado rendir a aquellos inusuales visitantes.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Bayamo, débito en perpetuidad



Bayamo actual
Sara Sariol Sosa
Foto Luis Carlos Palacios
Cuando en noviembre venidero Bayamo, de raíz india y no española, celebre sus 500 años, incluirá en el recuento de su existencia, obligadamente, esa suerte de débito perenne que le ha correspondido no solo con la historia y la cultura de la nación, sino también con su progreso económico.
Segunda villa española en Cuba, su fundación está vinculada con el poblado de Yara y el intrépido cacique Hatuey, incinerado vivo en la hoguera por guiar la rebelión de los nativos contra los colonizadores.
Fue en esos predios donde quedó asentado San Salvador, nombrado así por la presunción de los conquistadores de que con la muerte del indio rebelde estaba a salvo la conquista.
Mas, aquella barbarie solo consiguió alimentar la leyenda conocida como la Luz de Yara, leyenda que ha trascendido con dos tesis: una relacionada con la india de igual nombre que asediada por los colonizadores se abrazó a Hatuey en medio de las llamas y al quemarse desprendió un inmenso haz; la segunda sostiene que aquel fulgor aparecido en lo alto por las noches, no era sino el gran cacique guiando aún a los nativos a la batalla por su dignificación.
Tiempo después la villa fue traslada al cacicazgo aborigen de Bayamo, presumiblemente establecido por los primitivos 300 años o más antes de la llegada de los españoles, por lo cual entonces –defiende el investigador Aldo Daniel Naranjo- solo fue bautizado forzosamente a la castellana, pues ya existía como población superior y más avanzada a otras de su misma categoría.
Desde entonces a Bayamo, desprovista de costumbres nómadas, y con conocimientos amplios de la cerámica, la pesca, la agricultura, el uso de plantas medicinales y la construcción de bohíos y caneyes, ya la vida le había otorgado un compromiso ineludible con el progreso del marco geográfico donde nació.
BONDADES
Su nueva ubicación buscaba aprovechar, entre otras razones, las bondades del río y de tierras ricas en minerales.
Como Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, fundada un año antes, y las villas que le sucedieron (la Santísima Trinidad, Sancti Spíritu, San Cristóbal de La Habana, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba), San Salvador de Bayamo, fue utilizada por los españoles para controlar el territorio conquistado.
Desde estos asentamientos, que en su mayoría cambiaron su primitiva ubicación, iniciaron aquellos la explotación de los recursos de la Isla.
La actividad económica se sustentó en el trabajo de los indígenas, entregados a los colonos por la Corona mediante el sistema de "encomiendas", una especie de concesión personal, revocable y no transmisible, mediante la cual el colono se comprometía a vestir, alimentar y cristianizar al indio a cambio del derecho de hacerlo trabajar en su beneficio.
En estos primeros años de la colonia, fue la minería el renglón económico fundamental, específicamente la extracción de oro, en lo que se emplearon indios encomendados y también esclavos negros que, al decir de los investigadores, se integraron desde muy temprano al conglomerado étnico que siglos después constituiría el pueblo cubano.
Mas, los lavaderos de esa riqueza se extinguieron rápidamente y la población se redujo de manera drástica, incluidos los españoles que llegaron en varias y sucesivas expediciones para la conquista del continente. Fue la ganadería la que se ubicó entonces en la principal fuente de riqueza aquí y en toda Cuba.
En lugar del oro, la carne salada y los cueros constituyeron las mercancías casi exclusivas con que los escasos colonos se incorporaron a los circuitos comerciales del naciente imperio español.
Para ese momento, Cuba y sus villas no pudieron escapar al saqueo de corsarios y filibusteros franceses, holandeses e ingleses que asolaron el Caribe, capturaron navíos y desvalijaron ciudades y poblados, piratería que condujo a guerras, y sin embargo, arrojó sus ventajas.
Para resguardar el comercio, España decidió organizar grandes flotas que tendrían como punto de escala obligado el puerto de La Habana, estratégicamente situado al inicio de la corriente del Golfo.
Las frecuentes visitas de comerciantes y viajeros, y los recursos destinados a financiar la construcción y defensa de las fortificaciones (tal fue el caso del Castillo del Morro) que guarnecían la bahía habanera, se convertirían en una vital fuente de ingresos para Cuba.
Pero los pobladores de las regiones alejadas, excluidos de tales beneficios, se vieron obligados a apelar a un lucrativo comercio de contrabando.
Para evitar esos intercambios, las autoridades coloniales terminaron por enfrentarse a los vecinos, principalmente los de la villa de Bayamo, quienes con su sublevación de 1603, expresaron sus intereses contrarios a los del gobierno metropolitano.
En esa disputa se inspiró el poema Espejo de Paciencia, documento originario de la historia literaria cubana.
Hacia 1868 el país se encontraba ante una posible crisis sin solución bajo la dominación española, por la existencia de la esclavitud en la industria azucarera, la cual había tomado auge, y las crisis económicas mundiales de 1857 y 1866, que provocaron la caída de los precios del azúcar.
Tributaron, asimismo, a tal situación la supresión casi total de los créditos, en momentos en que era preciso un intenso proceso inversionista para modernizar técnicamente la producción azucarera. Pero a España, enfrascada en la reconquista de territorios latinoamericanos, y al margen de las necesidades económicas de la Isla, solo le interesaba resolver sus dificultades a costa de sus colonias.
La explotación económica en que España mantenía sumida a Cuba, se agravó, y llegó a ser crítica en el centro y oriente del país. Bayamo, poseedor de un sentimiento nacional más avanzado, con respecto a otras zonas cubanas, también respondió primero a esa batalla por el progreso.
EL MISMO DÉBITO
Fue a partir de los años 40 y en lo fundamental después de 1959, que la ciudad muestra un crecimiento importante en todas las esferas económicas y sociales.
Corroboran tal ascenso el gran número de entidades levantadas en este sector (55 empresas, 49 unidades presupuestadas y 56 establecimientos), dedicadas a la producción de cultivos varios, elementos mecánicos, arroz, azúcar, tabacos, galletas, lácteos, materiales de la construcción, surtidos cárnicos, bebidas, refrescos, huevos, carne de ave, porcina y vacuna…
Todas esas organizaciones, muchas de las cuales garantizan producciones exclusivas en el país, como líquidos orales y algunos productos lácteos, están integradas hoy en una coherente estrategia para elevar los niveles de vida del pueblo.
El pasado año, el municipio, el de mayor importancia de la provincia de Granma, con un peso fundamental en la economía territorial, se posesionó como el primero en alcanzar superávit económico, amén de cuánto le falta por conseguir en el camino de la eficiencia, la productividad, y la responsabilidad de algunas entidades que no logran concretar sus metas.
Al menos hasta noviembre, cuando la ciudad cumplió sus 499 años, alcanzó una producción mercantil de 815 millones 582 mil 200 pesos, con un crecimiento significativo con respecto a lo proyectado y lo real alcanzado en igual etapa precedente; creció 2,6 por ciento en la productividad y excedió las exportaciones, por solo citar algunos indicadores y renglones.
Pero Bayamo, a las puertas de sus cinco siglos de existencia, se ha propuesto aprovechar más sus potencialidades económicas y sus fortalezas humanas, un débito que le asiste desde el instante mismo de su nacimiento, pues fue, es, y seguirá siendo, el timonel de Granma.